Hoy os traigo una receta de tradición oral que debe llevar más de 100 años en mi familia: yo la aprendí de mi madre, mi madre de mi abuela y ésta de mi bisabuela. Y no tenemos datos para remontarnos más, porque a nadie se le ocurrió preguntarle a la bisa de dónde había sacado esta receta, pero supongo que también sería de su madre, y así... ¿hasta cuándo?.
Madre mía, ¡te hace sentir muy especial!.
Son un desayuno energético, un postre exquisito, una merienda excepcional o una cena reconfortante. Son tradición, son amor, son familia.
Así que, este post está dedicado a mi abuela, que sigue viva en mi corazón y la que imagino en un lugar maravilloso, orgullosa de todos nosotros y cuidando de todos los perretes que van llenando la vida de su familia, que es la mía.