Esta semana quiero compartir con vosotros otra de las tartas
personalizadas que he ido elaborando en mi vida repostera. Ésta, en concreto,
la hice el año pasado para Ague, la pequeñita de mi chico. Por aquella época la
muchacha andaba obsesionadilla con la peli de Disney: Frozen. Era la única película que quería ver, para
desesperación de su hermano, se sabía todas las canciones y hasta los diálogos,
todos los regalos que quería tenían que estar relacionados con estos dibujos,
etc, etc. Supongo que muchos entenderéis a que me refiero y habréis sufrido en
vuestras carnes esta situación o alguna otra parecida. ¡Jajajaja!. A veces es
un poco irritante, aunque tiene su lado divertido y es bonito verlos soñar
despiertos de una forma tan fabulosa.
